12. Cuestionar este enfoque es un crimen de odio. Cultura de la cancelación
EEUU. Universidad de Portland
State. Peter Boghossian ya había observado que en su universidad de empleaba el
bullying contra
estudiantes y docentes que cuestionaban la ideología de género. A pesar de esto
se sumó a una investigación que lo hacía[1]. Fue denunciado por
discriminación y se le abrió una investigación interna. Era interrumpido
activando alarmas de incendios, se boicoteaban los sistemas de sonido para
clausurar los debates en los que participaba, y le dejaban bolsas de heces
en su oficina. Finalmente renunció a su puesto en la universidad, sin que
las autoridades universitarias problematizaran el acoso del que era objeto. Se
pregunta “¿Cómo fue que la demanda por crítica, modernidad, justicia y progreso
social y apertura de mentes vino a parar a esta locura?”
En EEUU hay organizaciones[2] dedicadas a listar
“grupos de odio” y “extremistas”. SPLC, por ejemplo, tiene un “mapa del odio”. Para
2016 ya tenía listados 900 grupos, y muchos son iglesias.
Hay un debate político y académico importante sobre el sexo
y el género; deberíamos ser capaces de celebrar este debate de una manera
respetuosa y también rigurosa y sólida.
Pero son tan innumerables las
críticas que se le pueden hacer a esta ideología, que sus promotores se cuidan
de cancelar las críticas con denuncias, silenciamiento, manifestaciones y
boicots. Si no funciona a priori el sofisma patético: “Si no adhieres a esto cometes
crimen de odio y sos responsable del asesinato, ataques y suicidios a las
personas lgtb” apelan a las denuncias
por crimen de odio y discriminación. Cualquier discrepancia con la doctrina es
odio, ataque, ofensa y un acto de discriminación.
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El delito de discurso de odio podría
convertirse en una forma moderna de blasfemia. Una cosa es que cada persona se auto-perciba como
quiera y otra bien distinta es imponer penalmente a los demás una determinada
perspectiva sobre la realidad del sexo y el género. La permanente y absurda acusación de
transfobia para acallar toda crítica, como mantra automático a todo lo
referido a la resistencia de las mujeres a ser borradas, la creación de
etiquetas estigmatizantes y deshumanizantes como TERF, se enmarcan en la violencia
verbal dirigida a quienes se oponen al generismo. Estos insultos buscan
acallar y quieren hurtar el debate necesario para analizar cuáles son las
consecuencias prácticas en la vida de las mujeres si el género sustituye al
sexo como categoría jurídica. Así se da valor jurídico a criterios subjetivos y
se crea una indefensión absoluta para las opiniones disidentes. Si las mujeres que ejercen su derecho a
expresarse, a opinar, son castigadas se lanza a todas las mujeres un mensaje
claro: manteneos calladas. El caso de Joanne Rowling es revelador: su
afirmación, expresada en Twitter, de que el sexo es real y que las personas
que menstrúan se llaman mujeres, desató una furibunda campaña (también en
prensa), la quema de sus libros y la retirada de ejemplares de algunas
bibliotecas públicas. https://contraelborradodelasmujeres.org/acoso-queer/#index |
Tanto Buck Angel, Blaire White o
René Jax, activistas trans que se oponen a esta ideología, coinciden en que un lobby político muy poderoso está
usando a la gente lgtb para silenciar y cancelar toda oposición política.
“Lo trans es sólo una parte de un proyecto
político de la izquierda. Estoy convencida de que el fenómeno de la
transexualidad ha sido utilizado por la izquierda para atacar a las personas
conservadoras y religiosas en nuestro país”. (René Jax)
Desde el momento en la mera
afirmación de sexo como realidad biológica se declara crimen de odio, y el
cuestionamiento a cualquier punto de esta ideología es un ataque a las personas
lgtb, toda disidencia respecto a la ideología queer queda criminalizada y
silenciada, por obra del Estado, que obedece al poder transnacional capitalizando
el apoyo de una minoría política. El radicalismo cultural es, hoy, el aliado estratégico de los dueños
del mundo.
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El discurso de odio se está empleando como
excusa para la represión selectiva de la divergencia ideológica. La
censura contra las feministas en las redes sociales se ha vuelto una práctica
tan habitual que incluso existe una muletilla de silenciamiento: “calla,
terf”. Con la etiqueta “terf/tránsfoba” se expresa que las feministas somos
escoria y merecemos que nos peguen en las manifestaciones. Resulta llamativo
que quienes golpean y asesinan a las personas transexuales sean hombres, pero
seamos las mujeres feministas el grupo sistemáticamente acusado de
“transfobia”. La acusación de “discurso de odio” no se está empleando para
impedir los delitos contra las personas trans, sino para impedir que las
mujeres seamos escuchadas en el debate acerca de qué significa ser
mujer. https://contraelborradodelasmujeres.org/acoso-queer/#index |