17. Seudorevolución narcisista
Dios
Ley
Autoridad
Límites
Deber
Sistema
En un narcisista, ésa es la
cuestión[1]. Debido
a problemas que los psicoanalistas remiten a los seis o siete años de edad,
cuando en el ser humano promedio el complejo de Edipo se resuelve y se instaura
la Ley[2], en el caso
del perverso narcisista no sucede así, y nunca se establece un saludable
Superyo. Por eso, donde otros seres humanos hallan una barrera represiva, el
narcisista no la encuentra. El narcisista nunca abandona la omnipotencia infantil, mientras que la
vida social le demanda, necesariamente, la privación instintiva. Acatar esa
demanda, someterse, es su doloroso conflicto interno. No puede vivir sin la sociedad, pero tampoco en
ella. Siente al mundo como insoportablemente restrictivo. Intolerablemente
opresivo. (Palabras muy de moda, opresor y oprimido).
Esto no significa que nuestra
sociedad no sea injusta, pero sí que muchos militantes tienen móviles muchos menos esclarecidos y nobles que
los que se atribuyen. Pues el cuadro presicótico de la perversidad narcisista
también implica que el perverso dramatizará en el exterior todos sus conflictos
internos, los cuales puede objetivar como praxis revolucionaria.
Cuando un fenómeno se convierte en
fenómeno de masas vehiculiza impulsos y anhelos inconscientes, y satisface
necesidades psicológicas de los individuos. Y el individuo promedio es
narcisista. El hombre psicológico del siglo XX [3] no es un
“hijo sano del sistema patriarcal”. Christopher Lasch afirma que es una
criatura narcisista, resultante de un moderno empobrecimiento narcisista de la
psiquis.
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Butler afirma[4]
que el objetivo final de la teoría queer es perturbar las categorías de
cuerpo, sexo, género y sexualidad y provocar su resignificación subversiva y
su proliferación más allá del marco binario. |
Nietzsche afirmó que “No hay mayor poder que el poder de establecer
qué es el bien y qué es el mal”. Pero, para un narcisista, sí lo
hay: El poder de situarse
por encima de la ley. El narcisista desafía
la ley, en todos los ámbitos, desde las recetas de cocina a los reglamentos
deportivos, las convenciones, los compromisos, rituales, horarios, reglas
ortográficas, todo constreñimiento insoportable.
Al narcisista no le importa si algo
beneficia o perjudica a la sociedad o a los demás, la cuestión es “la lucha”
por sí misma. Es acerca de posicionarse contra lo que pueda limitarlo y empequeñecerlo.
La lucha del narcisista es una lucha contra el poder y por el poder mismo. Es
una reivindicación en contra de cualquier límite, de su omnipotencia. Como George Orwell señalaba en 1984:
Se trata de esto: el
Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el
bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo,
ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora
comprenderás lo que significa el poder puro. (...) El poder no es un medio,
sino un fin en sí mismo. (...) El objeto de la persecución no es más que la
persecución misma. (...) Y el objeto del poder no es más que el poder.
¿Empiezas a entenderme?
Muy difícilmente los paladines
antisistema lleguen a reconocer en sus libertarios impulsos motivaciones
idénticas a las de los jerarcas poderosos que tanto desprecian.
Atacar la ley, lo establecido,
desafiar la autoridad, es un impulso irracional del perverso narcisista. Siente
una ira impotente y un “sentimiento de derrota a manos de fuerzas externas”, siente
una ira y envidia sin límites que se
manifiesta como disconformidad, protesta y queja. Tiene impulsos y fantasías de
destrucción. Todo esto se va a objetivar en la “praxis revolucionaria”.
En muchas de las “luchas culturales”
actuales aparece el esquema clásico:
·
Eres libre. Nada te limita.
·
Tienes derecho a todo.
·
Alguien quiere constreñirte. No
se lo permitas. Hay un enemigo: Atácalo.
El narcisista suele admirar a
personalidades “liberadas”, con las cuales se identifica.
Hacer posible todo gozo. El botín
es “la libertad” en sí misma. El narcisista tiene un “carácter caótico y lastrado
por sus propios impulsos”, con escasa capacidad para la sublimación (por
ejemplo, experimentando placer en el trabajo), de modo que se siente
perpetuamente insatisfecho y anhelante de infinita satisfacción. Sus antojos no
tienen límite, exige gratificaciones inmediatas y vive en un estado de deseo
inagotable. Como en nada halla placer, necesita sentir que las opciones son
ilimitadas, para mantener la ilusión de satisfacerse alguna vez. El medio
social no le permite la gratificación inmediata de cada impulso, así que lo percibe
como en exceso restrictivo, no importa lo permisiva
e indulgente que sea la sociedad en la que vive.
Competir está prohibido, cuando juegan, todos ganan y nadie pierde,
y se considera más importante educar emocionalmente que enseñar matemáticas. Michael
Young, profesor del Instituto de Educación de la Universidad de Londres,
sostiene que comienza a haber profesores que por no frustrar a sus alumnos, no
se atreven a decirles que se han equivocado. ...Padres se presentan al maestro
a finales de curso para exigirle que le ponga buenas notas a su hijo… Como hay
que evitar la frustración del niño para no herir su ego, en un distrito escolar
de Massachusetts los niños saltan a la cuerda sin cuerda en la clase de
gimnasia para que los torpes que tropiezan cada dos por tres no se sientan
humillados.[5]
Aunque viva en una sociedad
catastróficamente indulgente, el narcisista padecerá la “camisa de fuerza
social”. Como no se percata de ningún problema propio (imagen totalmente buena
del yo y negación) y proyecta todos sus defectos en el exterior (otro de sus
tres mecanismos de defensa primordiales), no ve que haya ningún problema consigo
mismo, sino que atribuye sus propios conflictos a la sociedad. De ahí que no
logre explicarse como es que los demás no hacen nada, y se quedan ahí, como
borregos, cuando está claro que este estado de las cosas es insoportable.
·
Relación médico paciente:
Opresión
·
Relación padres e hijos: Opresión
·
Relación educadores y “educandos”:
Opresión
·
Relación de pareja: Opresión
·
Relación Dios y sus criaturas:
Opresión
Todo es opresión, todo es opresivo
y todo es abuso, y el narcisista se identifica poderosamente con todas las
víctimas.
Es que esa misma sociedad moderna le
hace falsas promesas de realización personal, le llena la cabeza de visiones
que superan sus posibilidades, incluidas sus habilidades emocionales e
imaginativas, mientras lo condena a trabajos frustrantes que ofenden su
inteligencia. Su frustración aumenta. Esta disparidad enorme entre anhelos y
realidad le hace imposible aceptar la rutina y la vida normal. El narcisista
anhela experiencias y aventuras maravillosas y lo fascinan el encanto y la
novedad (bovarismo).
Todo este sufrimiento,
disconformidad, y fantasías de liberación y gratificación resulta en un
individuo rabioso, en lucha contra “el sistema”.
La
reivindicacion de libertad sexual
Para el narcisista la sociedad está
llena de trampas para robarle su libertad, y es sexualmente promiscuo antes que
reprimido. “El narcisista es promiscuo y a menudo también pansexual, puesto que la fusión de impulsos pregenitales y edípicos al
servicio de la agresión alienta la perversidad polimórfica” (Lasch).
La moderna obsesión por legitimar
toda práctica sexual es perfectamente funcional a la psiquis narcisista. El
narcisista es ser sexual, libre y despreocupado. Desenfadado. Goza, sabe gozar,
es libre, desinhibido.
El pansexual, criatura superior, es
el individuo esclarecido, emancipado
de la moral pretérita. Soberano y fiel a sus deseos, el pansexual se lamenta de
la estrecha cisterna en la que languidecen sus pobres hermanos menores, los
reprimidos (todos menos él). Con pretensiones de desapego e independencia, huye
pasivamente del otro[6].
JF Braunstein[7] afirma
que chequear la psicología y estilo de vida de recalcitrantes teóricos de esta
corriente “es rico en enseñanzas
sobre las tendencias profundas que están en el corazón mismo de la invención de
la noción de género”. Decenas, cientos, miles de libros, sencillamente
reivindican “la hora de la
liberación sexual en todas direcciones”.
Un grafiti muy popular. El universo intrapsíquico del
narcisista está poblado de perseguidores potenciales. Un narcisista vive en un
mundo de objetos peligrosos, amenazantes, porque constantemente proyecta
imágenes negativas del Yo en objetos
‘totalmente malos’. Por eso es paranoico. Alguien quiere robarle el cuerpo, y el narcisista se rebela: “Soy amo y
dueño de mi cuerpo”.
Teme a la madre
castradora, y ante la figura de autoridad
el narcisista siente mucha angustia. El patrón. El policía. El Estado. El
empresario poderoso. El patriarca. Dios. El marido. La presencia de algo o
alguien que represente “la ley” es insoportable para el perverso narcisista.
Siente envidia, odio y temor. “No
puede haber Otro, con mayúsculas, en un lugar relevante; nadie que me dicte o
me someta, ni Dios ni amo.”
La necesidad
de identidad y sentido
El narcisista se siente inauténtico y fragmentado. Sufre “la experiencia de vacuidad interior, el
sentimiento aterrador de que, en algún nivel de la existencia, no soy nadie, de
que su identidad ha colapsado y que, allí en lo más hondo, no hay nadie”.
El narcisista suele experimentar
intensos sentimientos de vacío e inautenticidad. No halla sentido o propósito
para su vida. Lo acosan la ansiedad, la depresión y un vago descontento. Vacío
interior, angustia, sinsentido de la vida, consecuencias de una incapacidad
para sentir.
Entonces la cultura moderna sale a
responder a su deseo de dotarse de sentido. Le hace esta incesante oferta de
identidad, que también le vende una oportunidad de ser especial y auténtico,
además de moderno, desenfadado, lúcido y esclarecido.
El ser humano tiene garantizada la
vejez y asegurada la muerte. La desaparición. Pero la sociedad moderna ofrece
al narcisista ilusiones de infinitud, de poder, de control sobre el cuerpo[8]. El
puede trascender los límites de la condición humana. El cuerpo puede ser
diseñado, sometido a la voluntad, modelado a través de intervenciones
quirúrgicas y tratamientos hormonales. Cirugías estéticas. Body art. Tatuajes,
intentos desesperados de darle sentido al cuerpo, carne susceptible de ser
transformada y esculpida a voluntad.
Donde otros van a envejecer y
morir, el narcisista ejerce el poder de actualizar, de crear y recrear, de
modificar su cuerpo a voluntad. La persona con disforia de género, “atrapada en
el cuerpo equivocado” se vuelve modelo de emancipación, héroe moderno, cuando
reivindica su “identidad”.
“La verdadera cuestión que suscita la «ola de gender» se refiere al
reforzamiento del «individualismo narcisista».”[9]
“La transexualidad es una de las manifestaciones más visibles de
esta idea de que los cuerpos deben plegarse a las voluntades, a la conciencia
de ser tal o ser cual. Es una afirmación de la omnipotencia de la voluntad.
Tiene como contrapartida no querer saber nada de los límites, y deja
insatisfechos a los que quieren ir siempre más lejos.”[10]
“Feminazi”: nombre femenino ·
adjetivo 1. DESPECTIVO Feminista a la que
se considera una defensora de sus ideas extremista e intransigente[11].
Un narcisista se autopercibe
‘totalmente bueno’ (imagen ideal megalomaníaca del Yo. Se identifica con
ideales nobles y puros. Se autopercibe víctima. Bueno, noble, inocente. Sus
propios conflictos internos y características negadas son proyectadas hacia
objetos ‘totalmente malos’. Esto perpetúa un mundo de objetos peligrosos, amenazantes,
contra el cual emplea defensivamente las imágenes del Yo ‘totalmente buenas’.
El objeto exterior designado como
MALO (Dios, la iglesia, el amo, el marido, o el sistema patriarcal) es malvado.
Violento. Peligroso. Amenazante. A ese objeto le atribuye CULPA. Esa culpa de
ese otro lo habilita para PASAR AL ACTO
Sin ninguna culpa. = El PERVERSO NARCISISTA ACTÚA DE FORMA VIOLENTA ...PERO EL
VIOLENTO ES EL OTRO. Y la culpa de lo que él hace es del otro. El narcisista no
ve su propia agresión. No puede reconocer su propia agresión. Es exactamente el
mismo mecanismo que opera en el marido maltratador perverso narcisista que
frecuentemente denuncia la feminazi perversa narcisista. Esa es la paradoja. La
feminazi censura, somete. Controla. Se desborda. Vocifera. Incendia... Con todo
DERECHO. No experimenta culpa ni hace autocrítica. Ella tiene derecho a ser
violenta porque el violento es el otro[12].
Si hay algo que el narcisista sabe,
es que es especial.
En qué, o cómo, eso está por verse. Pero si hay algo de lo que está seguro es
de que no es una persona
promedio. Desprecia a “la persona normal”, entidad indigna. Aunque no
sabe bien en que se nota, él es superior. (Se horroriza ante cualquier
ideología competitiva porque no puede poner en riesgo esta verdad). El
narcisista odia al
“rebaño”, no pertenece a él, es un ser superior. Adhiere a cualquier cosa que lo marque como
singular, que lo diferencie de los otros, que lo haga destacar.
Ejemplos: La
sociedad transespecie
Trazado este perfil del narcisista
según Christopher Lasch, quien concluye que la izquierda radical no ofrece ningún cambio, sino que se
limita a vehiculizar las peores tendencias de nuestra cultura decadente, y a
vehiculizar nuestros conflictos narcisistas, es interesante recuperar esta
declaración “transespecie”:
“Me siento una transespecie
por poseer algo que no es propio de la especie humana”, explica Ribas, que
tiene ‘sentido sísmico’, es decir, la capacidad para sentir los terremotos en
la Tierra. Buscan “deconstruir la humanidad y su egolatría
(¡Proyectan su propia egolatría!), son
feministas, anticapitalistas y subversivos (Lúcidos
emancipados). Menciona a Donna
Haraway, bióloga y feminista, que dijo que los cíborg (y, por extensión el
transespecismo) son los “hijos rebeldes del capitalismo” (Autoglorificación).
También puede usarse esta teoría en
los estudios de género. Al igual que en la naturaleza cíborg no hay dos polos
opuestos —no hay máquina por un lado y hombre por el otro, sino que se
interrelacionan—, Haraway quiere diluir la separación entre masculino y
femenino y propiciar un concepto más fluido del género (Fantasía
omnipotente de trascender todo límite). Eres tú quien, según tus criterios, eliges cómo quieres que sea tu
cuerpo y qué quieres que sea capaz de sentir.[13]
(Omnipotencia).
“La identidad transespecie y cíborg es, sobre todo, subversiva,
combate el capitalismo y antropocentrismo en el que nace. Se subleva contra el
orden patriarcal, la propiedad privada, las jerarquías y la dominación humana.
Declara Tatiana que quieren desmontar el orden social y “presentar una sociedad
que se relacione de forma diferente, sin gente que obedece y otros que mandan”.
[1] Christopher Lasch “La Cultura Del Narcisismo”
[2] Jean-Charles Bouchoux “Los perversos narcisistas”
[3] Christopher Lasch “La Cultura Del Narcisismo”
[4] Problemas de género: El feminismo y la subversión de la identidad
[5] Fernando Osorio “Mal educados”
[6] Adriana Royo “Falos y falacias”
[7] Jean Francois Braunstein “La filosofía se ha vuelto loca”
[8]
https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352012000100008
[9] Christopher Lasch
[10] De “La filosofía se ha vuelto loca” de Jean
Francois Braunstein
[11] https://languages.oup.com/google-dictionary-es
[12] Jean-Charles Bouchoux
“Los perversos narcisistas”
[13]
https://www.codigonuevo.com/mileniales/transespecismo-identidad-sienten-atrapados-cuerpo-humano